Cementerio de lava.
Camino por un desierto de flores que ya no me sonríen, mientras cuento historias inventadas no me miran, desinteresadas, qué ha pasado, cuando dejé el mar, los ríos que caían por mi cara se han secado y ahora son lava, todo arde, dejé trabajos por quemar el papel, mis ojos rojos como la luna que vi el día que te fuiste para siempre. Ven, apágame, hazme dormir, mis pesadillas me tienen miedo, porque duran demasiado, ya no me despierto, ahora las disfruto, mi sangre azul está hirviendo, un cazador que acaricia osos polares en este desierto, que cada vez que mira hacia arriba se da cuenta de lo feo que es tu cielo, que está harto de apariencias, que está harto de las diferencias, que está harto de las interferencias, de tener a estúpidos como referencia, que odia su inconsistencia, que se apoya en la inocencia de la incoherencia de que alguien pida clemencia. Pensé en dejarlo, pero mire hacia atrás y rabié, qué cojones puedo dejar, si no he hecho nada, donde están mis logros, mis aciertos, mis locuras perfectas, cien mil lanzas en mi pecho, soy Leonidas, defendiendo mi locura de la cordura para seguir buscando el ataúd donde algún día pueda descansar en paz, no te miento si te digo que soy un cementerio que se puede mover, veo cosas que tu no quieres ver, siento cosas que me cuesta comprender, pero me da igual, no me quejo, os dejo rajame, en mas de cien partes si quieres, Perseo te cambio el sitio, el amanecer tiene que ser la ostia desde el monte Olimpo. Escucho música, a veces me consigue desestresar, el beat un volcán a punto de estallar, las personas inteligentes no solo van en traje, van en chándal, se gastan la pasta en seguir creando, no hablan bonito, hablan claro o encriptado, vomito en el medio de la alfombra roja con una sonrisa en la boca, no por todos, si por la mayoría, cada vez que se critica el rap me acuerdo cuando de pequeño brillaban mis ojos cuando Nach me susurraba en la oreja. Ahora peleando conmigo mismo, cayendo por un abismo que hace tiempo que le tengo cariño, no veo el suelo, tampoco el cielo, debo de estar en el momento en el que un minuto es una eternidad, me da igual, me da igual, me da jodidamente igual, no me llores, en mi lápida poned que no he muerto, porque no descanso, mi insomnio desde hace más de tres años, dormir, un don, dime tus sueños, dime cuanto valen, ya no me interesan, que miedo, despertar un día y no verme en el espejo.

Un minuto, un segundo, ese es mi mundo.

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